El legado de Elisabeth Kübler-Ross: ¿Siguen vigentes las etapas del duelo en la actualidad?
La publicación en 1969 de la obra Sobre la muerte y los moribundos por la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross marcó un hito en la psiquiatría y la tanatología moderna. Su descripción de las cinco etapas del duelo —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— se convirtió rápidamente en un clásico para entender el proceso de morir y, por extensión, el duelo de los supervivientes. Sin embargo, el avance de la investigación clínica y los nuevos modelos psicológicos obligan hoy a replantear si este esquema rígido sigue siendo una herramienta válida para comprender la complejidad del sufrimiento humano.
El fundamento: La universalidad de las emociones
Es innegable que las etapas descritas por Kübler-Ross capturan emociones humanas profundas y frecuentes tras una pérdida significativa. La negación actúa como un mecanismo de defensa que permite al individuo asimilar la realidad de forma gradual. La ira surge ante la percepción de injusticia, mientras que la depresión refleja la toma de conciencia del vacío dejado por el ausente. Finalmente, la aceptación permite al doliente encontrar paz y un descanso emocional antes de continuar.
En la actualidad, muchos especialistas reconocen que este modelo sigue teniendo valor pedagógico. Sirve como un marco general que ayuda a pacientes y familiares a normalizar sentimientos que, de otro modo, podrían parecerles patológicos o aterradores.
El cuestionamiento: La caída de la linealidad y la pasividad
A pesar de su popularidad, la ciencia contemporánea ha comenzado a negar la vigencia de las etapas como una secuencia rígida, predecible o universal. Las críticas principales se fundamentan en los siguientes puntos:
- Falta de evidencia empírica: Diversas investigaciones longitudinales no han logrado demostrar que todas las personas atraviesen estas etapas ni que lo hagan en el orden establecido.
- Grief como proceso dinámico, no pasivo: Mientras que el modelo de Kübler-Ross sugiere que el doliente «atraviesa» fases de forma algo pasiva, autores como William Worden proponen el concepto de «tareas del duelo». Este enfoque implica que el sujeto debe realizar un trabajo activo para aceptar la realidad, procesar el dolor y reubicar emocionalmente al fallecido.
- Variabilidad individual: El duelo no es un estado, sino un proceso único e irrepetible que depende de la personalidad, el tipo de vínculo, la cultura y las circunstancias de la muerte. Se ha observado que algunas personas muestran una notable resiliencia y aceptación casi desde el primer mes, mientras que otras pueden quedar «atrapadas» en un duelo complicado.
- La «montaña rusa» emocional: En lugar de etapas sucesivas, el duelo moderno se describe más bien como una oscilación o un proceso circular. La persona puede avanzar hacia la aceptación y, repentinamente, retroceder a la ira o la depresión ante un aniversario o un recuerdo punzante.
Nuevos horizontes: Reconstrucción de significado
Hoy en día, la tendencia se aleja de los modelos diagnósticos tradicionales para centrarse en la reconstrucción de significado. Según Robert Neimeyer, el duelo es un proceso social y personal donde el objetivo no es «dejar ir» al fallecido, sino transformar la relación física en una conexión simbólica continuada que permita al superviviente integrar la pérdida en su nueva identidad.
Conclusión
¿Siguen vigentes las etapas de Kübler-Ross? Si se entienden como una ley inmutable que dicta cómo «se debe» sufrir, la respuesta es no. Imponer este esquema puede ser contraproducente, llegando incluso a «patologizar» a quienes no siguen el ritmo esperado.
Sin embargo, si se consideran como una descripción de experiencias posibles y fluctuantes, siguen siendo vigentes como punto de partida para el encuentro humano entre el terapeuta y el doliente. El duelo actual no busca un destino final de «recuperación» total, sino aprender a vivir con la cicatriz de la herida, transformando el dolor en una nueva forma de amor y sabiduría vital.